20 de noviembre de 2016

LOS HIJOS DE EMILIANO ZAPATA Y LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA



Siempre me he identificado con la ideología política y social de algunos próceres mexicanos ejemplares, de manera más que significativa. En la trascendental etapa de la Revolución Mexicana, hubo algunas figuras polémicas, pero creo que finalmente imprescindibles. Emiliano zapata sería sin duda, el mejor ejemplo, su famoso lema de “Tierra y Libertad” resume parte de su pensamiento libertario, igualitario y agrarista. El general no buscaba en sí, el poder como otros caudillos, sólo anhelaba combatir la desproporción económica (y probablemente educativa) de algunos mexicanos; de ahí nace mi genuina admiración. Su lucha fue la defensa de las comunidades indígenas, campesinas, y por extensión, de las clases obreras o populares, o sea  las pobres.
Por eso, para el Centro INAH Hidalgo, fue un placer y un honor, invitar a uno de los descendientes del gran general: el historiador Edgar Rafael Castro Zapata, quien nos convidó de una incomparable conferencia titulada “Los hijos de Emiliano Zapata y la institucionalización de la Revolución, (1919-1979)”. Claro que se dijeron algunos puntos ya tratados por la historia oficial, pero también el licenciado Castro comentó algunas anécdotas que sólo se transmiten por tradición oral y lo más importante, nos compartió algunas imágenes y fotografías de los álbumes familiares.


Invitamos a la charla a muchos niños de primaria los cuales se fueron felices al entender que la historia es una entidad viva. El general Emiliano Zapata ocupa un destacado lugar en el Panteón de Héroes Nacionales y su nombre e ideario ha inspirado a muchísimos otros hombres que buscan la igualdad social; también su ejemplo ha inspirado a no pocos movimientos que han sido animados por la justicia, un derecho humano irrenunciable.


¡Que feliz me hace coadyuvar a que los infantes de ahora aprecien nuestro pasado tan glorioso!

16 de noviembre de 2016

TESTIMONIOS EN PLATA. FOTOGRAFÍA Y PATRIMONIO EN HIDALGO



Hidalgo es una entidad muy notable en patrimonio cultural material o edificado y patrimonio intangible; lo mismo destaca por sus monumentos prehispánicos e históricos, que por su costumbrismo, fiestas y gastronomía. Además, es de sobra conocida su diversa riqueza bionatural y geográfica. De hecho, nuestra entidad goza del primer decreto presidencial, para tener una reserva natural protegida.
En esta muestra colectiva, se exhibe a manera de acercamiento visual, una serie de momentos atrapados por la lente de varios autores, la cual también es plural por su contenido, que lo mismo presenta un basamento arqueológico, un tianguis de vida cotidiana, que una panorámica de Real del Monte contemporánea. El primer ejercicio curatorial de la exposición corrió a cargo de Rosa Casanova a principios de la década de 1990. Se trata de un discurso fotográfico que muestra diferentes facetas del estado de Hidalgo.
Son veinte imágenes capturadas desde finales del siglo XIX, hasta la segunda mitad del siglo XX.

Una de los objetivos que tiene la muestra es  articular la exposición de Patrimonio Cultural de la UNESCO (Que ahora se exhibe en los claustros del ex convento de Actopan), con el patrimonio cultural del estado de Hidalgo. Mostrar al público visitante -sea nacional o extranjero-, la diversidad de posibilidades culturales y naturales que ofrece la entidad, desde el patrimonio industrial, arquitectónico y natural, al mismo tiempo que las tradiciones y actividades productivas de la región, de manera sencilla didáctica y amena.

La exposición que se inauguró apenas este 15 de noviembre, estará abierta hasta finales de enero de 2017, en la antigua sala etnográfica de ese maravilloso recinto de san Nicolás de Tolentino de Actopan, Hidalgo.


5 de noviembre de 2016

CAZADOR DE CORAZONES


Como todo el pueblo lo hace, hoy salí de nuevo, antes del amanecer, gustoso, rumbo al bosque. Nosotros somos cazadores de corazones, vigilias del amor. En la mañana nos juntamos muchos y vamos con nuestro arco y flechas a atrapar corazones de mujer. Yo me levanto antes que nadie y me adelanto, pero no cazo a ninguno. A veces, y por estrategia voy más tarde pero tampoco tengo suerte. Siempre regreso a mi choza todas las tardes con mis flechas sin sangre. Eso sí, encuentro en el camino de regreso corazones muertos o agonizantes de otras flechas que no son las mías. Aun así los levanto y los llevo conmigo.
Claro que lanzo dardos, pero al infinito, porque si no se oxidaría mi arco. Podría dedicarme mejor a componer corazones lastimados o a enterrador, pero en nuestro pueblo no hacemos eso. Confieso que tengo el cadáver de tres corazones muertos (no por mí), muy escondidos en lugar reservado que no puedo decir, pero nadie lo sabe, me dejarían de hablar los otros cazadores si lo supieran, creo que hasta me expulsarían del pueblo si se enteraran, y yo quiero seguir viviendo entre ilusionados, me gusta escuchar las aventuras que cuentan, porque todas las noches nos reunimos alrededor de una fogata a platicar sobre la odisea del día. Me gusta mucho oír todo eso porque imagino que mi flecha tiene sangre real, y no de la que le unto de corazones moribundos o muertos y abandonados en el bosque, para presumir que cacé a alguno. Curiosamente tengo preparada una flecha para un corazón especial, pero nunca la he usado.

Ya muy envejecido, creo que la mañana o noche afortunada que encuentre a ese corazón especial, ya no tendré fuerza para disparar contra él. En tanto, como todos los cazadores del pueblo, salgo muy temprano a buscar el mío. A lo mejor es inercia, pero prefiero salir a usar mi flecha especial con la que atraparé a uno de esos esquivos y difíciles corazones, que usarla para asesinar a mis pobres sueños dementes.

3 de noviembre de 2016

NOCHE DE LEYENDAS

El hecho de ser un estudioso, difusor y embelesado del costumbrismo patrimonial hidalguense, me empuja a aventurar la hipótesis de que las tradiciones ancestrales no son -tan en esencia-, patrimonio no edificado, es decir inmaterial o intangible como les gusta llamarle algunos investigadores, para mí es patrimonio vivo, casi orgánico por que nace, se reproduce, se transforma y acaso muere.
        El día de muertos en México es de una de esas raras y misteriosas costumbres: antiquísima, ecléctica, llena de misticismo, religión, magia y asombro. Es un culto que se pierde en la memoria de los tiempos, que se ha mezclado con otras influencias y que se critica o alaba por su pretendido purismo. Lo cierto es que tiene un enemigo difícil: el enojoso Halloween y sus desiguales medios de propagación. Lo que aquí es un encuentro respetuoso y festivo con los antepasados, una reflexión sobre el paso transitorio de la vida, allá es una noche de brujas, llena de calabazas y disfraces, de sustos y de dar rienda suelta al pavor. La muerte no es espanto, es una prueba de Dios para alcanzar su mano y la perfección cíclica de la vida. En cambio el Halloween está asociado al terror y a lo sobrenatural, un invento consumista que nada tiene que ver con los venerables años que tiene nuestro día de muertos mesoamericano.
        En la ofrenda anual que pusimos los trabajadores del INAH en Hidalgo, -no con recursos institucionales, sino por iniciativa propia-, estuvimos asesorados no por  académicos que casi todo lo rastrean en libros, sino por gente que de verdad vive su tradición tan añeja: Personas de Acaxochitlán, Hidalgo, quienes nos explicaron como se debe instalar un altar, y lo que es más, cómo debe ser la ceremonia para recibir a nuestros muertos, la cual comienza con la cuelga de los xochimapales, luego prosigue el bellísimo xochipizáhuatl que es un ritual que enamora y seduce hasta la última vena rebelde del cuerpo. Eso es arte y amor. ¡Y que decir del celebérrimo Xantolo!
        Y luego llegaron los tamales, el atole, luego la tristeza y el dolor al ver a los niños con sus zapatitos de plástico, mientras que en la ciudad, los niños se visten con disfraces y pinturas en el rostro muy costosas, y salen vestidos de zombis y todos bailan. Hay varios Méxicos.
Mi verdadera gente de Hidalgo, vale mucho más en otro sentido y me avergüenza pararme frente a ellos porque nosotros los de la ciudad tenemos todo, y no puedo dar más, pero también me enorgullece por aprender de ellos y sentir la tibieza de su sonrisa. ¡¡Y me siento tan feliz de ser de Hidalgo!!

        Desde hace pocos años, el ayuntamiento de Pachuca, implementó un programa llamado Noche de Leyendas. Se trata de un recorrido temático en el camposanto municipal, donde leyendas tan clásicas como la Llorona, la niña Valeria, el Ánima Sola, la mujer de Cubitos y otras de origen minero son relatadas mientras se hace un recorrido por las calles principales del cementerio, del cual podemos decir con orgullo: aloja (si no los restos), al menos la memoria del general Felipe Ángeles, considerado uno de los mejores estrategas del mundo militar. Desde luego yo tengo familiares míos hospedados en ese hotel, del cual también yo seré huésped muy pronto, tan pronto como las manecillas del reloj cumplan con su promesa de juntarse; y esas niñas las veo avanzar segundo a segundo, sin cansancio. No como a otras que lo han pensado mucho. Vale la pena hacer un paréntesis importante para hablar sobre la arquitectura de la fachada. Se inauguró en 1901 o 1902, es de estilo neoclásico y ostenta tres esculturas de mármol de Carrara, Italia que representan las virtudes teologales: La Fe, La Caridad y La Esperanza. Tiene seis hermosas e imponentes columnas con fuste estriado. El diseño fue del capitán e ingeniero Porfirio Díaz, hijo del famoso ex presidente homónimo. Cabe destacar el dato por la consabida escasez de construcciones artísticas e históricas en la ciudad.
        La visita guiada por el panteón es cautelosa, porque de pronto y de la nada aparecen actores que por vía de mientras, ¡Uno los rehuye por eso de las dudas!, o por instinto. Para mí es un espectáculo emocional, una reflexión profunda, pero también una noche de regocijo, para divertirse con la muerte, de gozar ese hilo transparente que nos separa. Hoy aquí, mañana allá. Supongo que los muertos también se divierten. Y a veces los sepultureros tocan su música (“Homero el jardinero”, “El ropavejero”, entre otros.). Es un teatro que debemos visitar en familia. La ausencia de los seres queridos, es triste, pero un día al año, vienen a convivir con los vivos, a vivir espiritualmente lo que más les gustaba, música o alimentos. Es toda una celebración.
        De esa experiencia, se trae uno, ruidos, sombras, luces mortecinas, penumbra, sorpresas, y tierra de panteón a casa, como para recordar que no hay frontera o si la hay, es muy sutil. Y de pronto voltea uno y ve a una linda chica que pareciera que nunca va a morir con su bella sonrisa, pero luego al desviar unos centímetros la mirada, se ven las tumbas de muchas personas que se adelantaron, a veces hasta con un siglo de distancia. Pero así como la materia se vuelve polvo, el tiempo también. Así es Dios; y así enfrentamos ese gran momento de transición y recordación, con calaveras de dulce, pan de muerto, calaveras literarias, catrinas (calavera garbancera) y un montón de cosas que sólo tenemos los mexicanos. No se trata de revisitar las costumbres de otras comunidades, cada quien vive a su forma a sus muertos, cada quien mata a su forma a sus vivos. Lo que es cierto que es una espera que a veces se ve tan lejana… Yo creo que no hay que pensar en el fin de la meta, sino más bien en el camino para llegar a ella. ¡Y, disfrutarlo! Me gustó la experiencia y eso que soy tan miedoso. La verdad se siente más terrible pagar un boleto para una de esas casas de terror de cualquier feria en donde sí te tocan y se pasan de listos. La diferencia es que ahora, la noche fue tan hermosa. El Universo nos la regaló. Una noche llena de luz de luna y de saber que es bueno estar vivo y que saludas a otros que también lo estuvieron. Todos somos hermanos de energía cósmica.